miércoles, 12 de septiembre de 2012

Notas de fútbol

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Del Bosque tarda una hora en encontrar las llaves en Georgia

Posted: 12 Sep 2012 07:19 AM PDT


El camino para llegar a un Mundial no es fácil, por mucho que la mayoría de los rivales que le toquen a uno en gracia sean selecciones que muy poco tienen que decir en la Historia del fútbol. Vicente del Bosque se estrenó como seleccionador nacional clasificando a España para el Mundial de Sudáfrica 2010 ganando todos los partidos, sin excepción; una machada que se repitió en la fase de clasificación de la Eurocopa de este año, a la que La Roja llegó sin ceder un mísero empate. Pero los números engañan y ocultan pruebas tan difíciles como la de anoche en Georgia.

No es que el partido disputado en el Borís Pachaidze fuese difícil en sí, más bien fue España la que se complicó y, concretamente, su entrenador. Del Bosque planificó mal el partido, optando por un once que facilitó a Georgia su única estrategia posible, la de poner el autobús. El doble pivote en partidos como los de ayer ya no es que no sea necesario, es que resulta de una inoperancia total. Que Busquets y Alonso tengan que jugar siempre juntos comienza a parecer una cuestión de cabezonería o, no siendo tan mal pensados, una cuestión de no saber ver más allá.

Defender una filosofía de juego es algo digno de elogio. Todos los grandes equipos de la Historia tienen eso en común: haber confiado en una idea de juego. Pero adónde no puede llegarse es a que el equipo se convierta en víctima de su propia filosofía, que olvide la práctica y sólo mire la cuestión teórica, donde las cuentas siempre salen positivas. Ketsbaia, el seleccionador georgiano, contaba con la España de siempre: doble pivote, laterales largos y mucho juego al primer toque pero siempre por el centro. Su respuesta era de esperar: 4-5-1 en versión autobús.

La Roja, por su parte, jugó con un 4-3-3, que bien podría considerarse un 4-5-1, aunque a años luz del georgiano en cuanto a posicionamiento en el campo. En cinco minutos el primer síntoma ya estaba claro: sobraba Alonso o Busquets. Poco tiempo después, tras sus dos primeras subidas, otro síntoma: ¿por qué juega Arbeloa en vez de Juanfran si nuestro lateral diestro ha de estar más tiempo en terreno enemigo que en el propio? Entre una cosa y otra España perdía fuerzas, opciones e intenciones.

Alonso, que es uno de esos jugadores que siempre miran por el equipo antes que por su lucimiento personal, se vio obligado anoche a tomar múltiples veces una difícil decisión: apartarse. En cuanto España plantaba el perímetro de asedio alrededor de la doble muralla defensiva georgiana, Alonso se daba cuenta que adelantando su posición hasta esa zona lo único que hacía era añadir una escala más en la transición de una lado a otro de su equipo. Así que, una y otra vez, lo que hizo fue sacrificarse para no molestar.

Aquí entra otra decisión de Del Bosque difícil de entender: que sea Busquets el pivote que más se asome al área rival. Muchas veces lo hace persiguiendo a un rival (o varios), presionando la salida de la pelota, algo que hace porque es su propia naturaleza. Pero con el apagón de ideas que sufre en ataque Busi en las inmediaciones del área enemiga, ¿no sería mejor que él fuera el encargado de mantener más la posición y, por consiguiente, Alonso tener más libertad para avanzar y aprovechar así su excelente disparo?

El caso de Arbeloa es incomprensible. El lateral derecho es una de las dos posiciones en la que La Roja juega con alguien que no está entre los cinco mejores del mundo (la otra es la punta de ataque: a día de hoy Villa, Torres, Soldado, Negredo y Llorente no están en el top 5 mundial). Si el lateral salmantino fuera un experto defensivo podría entenderse su indiscutible titularidad, pero no lo es. En un partido en el que se espera dominar de pe a pa, jugando la mayor parte del tiempo en campo rival, el elegido debería haber sido Juanfran, un lateral que le habría dado a España mucha más amplitud, profundidad y capacidad de combinación.

Entre una cosa y otra, España vivió la primera hora de partido metiéndose en un embudo en cuyo cuello esperaban seis o siete georgianos. El 80% de posesión (récord histórico de España) no se tradujo en un buen número de ocasiones. Xavi alimentó continuamente a Iniesta y Silva, que se buscaron una y otra vez para ver si, entre los dos, lograban hilar una jugada entre una docena de piernas georgianas. Pero poco en limpio se sacó. A pesar de todo, España pudo adelantarse en varias ocasiones, con varios disparos de media distancia (uno de ellos, del canario, dio en el poste) y un mano a mano que marró Soldado.

Tras el descanso Georgia estuvo a punto de complicarle aún más las cosas a Del Bosque: rozaron el gol con un tiro que repelió la madera (otra de las ventajas de tener entre un Santo bajo palos). El seleccionador comenzó a mover el banquillo a los diez minutos de la reanudación, lo que supone un retraso de una hora en la lectura del partido: primero prescindió de Busquets e, introduciendo a Pedro, España por fin dispuso de alguien que supiera que hacer con la pelota en banda derecha. Y, finalmente, tras hacer un cambio de refresco con Cazorla por Silva, se decidió a mandar sentar a Arbeloa y darle entrada a Cesc. Corría el minuto 34 del segundo tiempo y, por fin, España disponía en el campo de un buen plan para atacar la doble muralla georgiana. Defensa de tres, un solo pivote (Alonso), tres centrocampistas (Xavi, Cazorla e Iniesta) y tres atacantes (Pedro, Cesc y Soldado).

Con ese último trío llegó el gol. Pedro encara y sólo con la amenaza que eso supone se ganó el tiempo y el espacio para ver que la defensa local se había olvidado por un momento de Cesc. Fàbregas recibió la pelota y, de primeras, se la puso a Soldado, que se aprovechó del desorden georgiano para encontrar su segundo tiro franco en todo el partido. Éste no lo falló. El 0-1 final recuerda al estilo español en Sudáfrica: el gol como una pica en Flandes que marca el designio de la batalla.

Cuando España logre el billete para Brasil será difícil que nos acordemos de lo complicado que resultó arrancar el camino con una victoria en Georgia. Nuestra falta de memoria puede ser una buena señal, ya que la habremos llenado con otros partidos más felices. Así es el camino a un Mundial, lleno de pequeñas grandes dificultades que se acaban olvidando. El que no debe olvidar lo de anoche es Del Bosque: si el equipo que dispuso en el último tramo del partido fue el que lo ganó, ¿por qué no optar de primeras por él en lugar de empecinarse en arrancar siempre igual?



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