lunes, 10 de septiembre de 2012

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Reggie Miller, tiempo de ‘killer’

Posted: 10 Sep 2012 01:14 AM PDT


Hay jugadores que se crecen cuando el reloj se va acerecando al final del partido, jugadores a los que no les tiembla el pulso ni les quema el balón en las manos a la hora de tirar el lanzamiento decisivo que puede dar la victoria, sobre la bocina, a su equipo. Hay buenos jugadores, hay estrellas, y luego está Reggie Miller. El escolta de Indiana Pacers, que acaba de ingresar en el Salón de Fama del baloncesto, se ganó a pulso el apodo de Miller Time, o como lo llamaba Andrés Montes, “tiempo de Miller, tiempo de killer“. En los momentos más cruciales del partido, era muy habitual ver de repente levantarse a aquel espigado jugador desde más allá de la línea de triple, y ‘enchufar’ una canasta en la cara del defensa. La época más dorada de los Pacers se cimentó sobre su juego y su insaciable competitividad, fomentada a través de años de jugar en el patio de su casa con su hermana Cheryl, otra estrella del baloncesto, a la que él siempre intentaba superar y a la que admiraba e idolatraba.

El “azote” de NY

Con el ejemplo de Cheryl Miller (que también está en el Hall of Fame), el escolta se convirtió en una máquina de anotar ya en su época de la universidad de UCLA, de donde se marchó como el segundo máximo anotador histórico sólo por detrás de Kareem Abdul-Jabbar, y cuando se retiró de la NBA, tras 18 años como profesional, lo hizo con el récord histórico de triples anotados (2.560), un récord que rompió Ray Allen el año pasado. Sin embargo, de todas esas canastas, las que más recuerdan los aficionados a los Pacers son sus buzzer beaters, sus canastas sobre la bocina, generalmente desde muy larga distancia, canastas que acompañaba de sus brazos levantados y la locura general del público. Miller compartió los focos de la NBA con Michael Jordan, Patrick Ewing, hasta con unos Magic Johnson y Larry Bird que estaban ya acercándose al final de sus carreras, y siempre logró dejar su impronta.

Sin embargo, donde su impronta se notó de verdad fue en los enfrentamientos contra los New York Knicks. Contra ellos consiguió, en la primera ronda de los Playoffs de 1995, aquellos famosos ocho puntos en 8,9 segundos que le daba la vuelta al partido y la victoria a Indiana, y sus Pacers dieron al traste con los sueños de Patrick Ewing de lograr el anillo durante la primera retirada de Michael Jordan. El vacío de poder que dejaron los Bulls no pudo ser aprovechado por los Knicks que entrenaba Pat Riley, por mucha intensidad y garra que le pusieran el propio Ewing, Charles Oakley o John Starks. Si se cruzaban con Indiana en Playoffs, sus esfuerzos se iban al traste. La rivalidad entre Miller y los Knicks llegó a ser tan enconada, que hace poco se recogió en un divertido documental llamado ‘Winning Time‘.

El trash talk


Además de sus triples decisivos, Miller era famoso en la NBA por otra circunstancia: era un consumado trash talker. El trash talk no es más que una táctica de desestabilización psicológica del contrario, y los que la emplean son los típicos tipos que se pasan todo el partido hablando; que si no vas a poder pararme, que si vais a perder, que si el próximo balón voy a recibirlo aquí y voy a anotar en tu cara… En los 90, Michael Jordan también era el campeón del trash talk, pero Miller le iba a la zaga. Sobre todo, tenía un don para alterar a John Starks, el escolta de los Knicks, que caía siempre en todas las trampas verbales que el de los Pacers le tendía.

Miller jugó sus 18 temporadas como profesional en Indiana, una franquicia que, en la NBA, no había llegado hasta la final de la conferencia Este nunca hasta que contó con el escolta, y con él jugaron sus únicas Finales, la de 2000, que perdieron contra los Lakers de Kobe Bryant y Shaquille O’Neal. Ése fue el punto más alto de su carrera, una carrera en la que le tocó vivir también el bochorno de la enorme pelea montada entre varios jugadores de los Pacers (Ron Artest/Metta World Peace y Jermaine O’Neal entre ellos) y aficionados de los Pistons en 2004. Miller se retiró al año siguiente, pero aquello no empañó su legado, el del tirador letal que siempre aparecía cuando el reloj estaba llegando a cero, en el Miller Time.

En 1001 Experiencias | El único partido que perdió el ‘Dream Team’

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